viernes, 22 de mayo de 2009

Silvia Delgado Fuentes (España)

Manuela Díaz

Manuela Díaz viajó con sus nueve hijos
en una carreta desvencijada.
Como única pertenencia: el rosario de plata.
Manuela Díaz, mujer espléndida,
en tu espalda está la marca
de trabajos ejecutados con nobleza,
en tus manos están las cicatrices
y en tu frente el sudor
esculpe tristezas,
ni una sola alegría

Manuela Díaz, nueve hijos
(la docena si tres no hubieran muerto al parirlos)
te acompañan al exilio,
te miran manejar el carro
con sigilo
y tienen hambre
y tienen sed
y es tan grande la costumbre
y es tan feroz la rutina de no comer
que callan mientras cantas
.... por no desfallecer.

Manuela Díaz, experta en todos los oficios.
No tiene para dios ni un solo reclamo,
enmudece, tu voz, si pretende quejarse,
manejas hacia alguna parte donde puedas
ganar el jornal que os sacie el hambre.

Manuela Díaz, lavandera, campesina, bordadora.
Manuela Díaz, cocinera, sirvienta, partera
Manuela Díaz prostituta, puta ramera,
Manuela Díaz, mesalina de tercera.

Manuela Díaz, aún no tienes para dios ni un solo reclamo
y manejas el rosario con el convencimiento de las beatas
y te duelen los pechos demasiado transitados
y te duelen los orgasmos ajenos
y te duelen tus nueve niños
mirándote recoger lo que queda sobre el jergón
de los placeres pagados.

Te duele la vida, Manuela,
te duele, ser mujer,
en este mundo sin sitio.

Canción inútil para Palestina

Traigo una patria entre mis brazos,
una patria sucia de pólvora y ceniza,
una patria llena de fantasmas.

Traigo una patria entre mis brazos,
no lavéis su sangre con azufre,
si vais a esconder el crimen
dejadme llorar junto a las larvas,
dejadme llorar con ella y sin sus pájaros.
Con ella,
si.
Con ella hasta la muerte.

Traigo una patria entre mis brazos,
traigo toda su hambre y sus puñales,
su llanto de estepa,
sus cadáveres tatuados.
Traigo a un dios ahorcado
entre los senos de esta tierra desahuciada,
antes de arrebatarme los cadáveres
dejadme llorar.
Dejadme.

Nanas de rodillas

Este niño tiene sueño
pero no puede dormir
cuenta en voz alta los cadáveres
uno, dos, tres.... cuatro mil.

*
Duerme, pequeño,
aún tienes tiempo,
duerme, te digo...
Se acercan
con los corazones repletos de larvas
las conciencias sucias,
podridas.
Entran a saco,
para esparcir los cuerpos,
para esparcir los huesos,
para esparcir la vida.
Es una noche sin piedad ni farolas,
una noche que no tiene prisa,
otra noche que no termina.

*
Duerme pequeño,
duerme, te digo,
con los ojos cerrados
y de luto vestido
creerán que estás muerto
y sólo a mí, pasarán a cuchillo.
Duerme, pequeño,
duerme, te exijo.
Hazte el eterno dormido.

Has muerto.

Cayó de bruces tu vida.
Era de noche y a escondidas
entró la muerte en tu corazón
y cuando salió no volvió a ser la misma.
Has muerto.
Pá que vivir más,
si estabas muerto desde hace tiempo.
Pá qué cavar una fosa,
si tú las cavaste todas anónimas
pa qué
repicar campanas
si enmudecieron con los alaridos de tus picanas.
Pa qué.
En los funerales
apenas el enterrador
conteniendo el aliento
apenas él
y un cortejo de larvas.
apenas ellas, tú, él.
Y el silencio que revienta.

Elegías inclementes

No hay flores sobre tu tumba,
no hay ciervos heridos, ni cachorros perdidos,
ni mujeres,
ni niños.
Solo estás tú
y tu osamenta,
Solo tú
eyaculando calaveras.

No hay flores sobre tu tumba,
no hay plañideras,
no hay sacerdote,
no hay lápida.
Ni en el aire una brizna de lástima.

Sólo estás tú y tu horrible vida a cuestas,
sólo tú,
bestia entre las bestias,
sólo tú en las tinieblas,
solos tú y la tierra.
Tierra que supura por tenerte entre sus piernas.

A contracielo

Hombres preñados de violencia,
furtivos hombres con la voz hecha combate
que golpean con el puño la palabra.
Hombres que aúllan de placer
en noches criminales,
que desenvainan la furia desde que nacen.
Hombres que restan corazones,
ferruginosos hombres con puñales.
Hombres a medio parir,
hombres donde no cabe el Hombre.

Hombres así,
que mueren despeñados
mientras afuera siempre llueve
y nadie les reza
y nadie les recuerda.

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